En Venezuela el infierno tiene varios sótanos

 
 
El infierno llegó con la GNB. La frase la recogí de una vecina de los edificios Verde de El Paraíso, en Caracas. El infierno entró no solo a sus estacionamientos, subió a los apartamentos, entró en ellos, bajó a los sótanos y todo lo que no pudieron robar, lo destruyeron. 
 
 
No se pierde la capacidad de asombro con lo que es capaz de hacer el régimen en contra de los venezolanos  que reclaman libertad y no es casual  escenas de la violencia pura y dura  que se ha visto y y que han  vivido en los últimos días gran cantidad de familias que han vivido el verdadero infierno dentro de sus hogares gracias al régimen.
 
 
Las muertes de hombres y mujeres, la mayoría jóvenes, que se han resistido  a vivir en dictadura no han sido suficientes para que Nicolás Maduro y su séquito se sientan seguros  del poder  porque no lo tienen, y es por eso la orden es sembrar terror a su paso, en la calles golpeando,  disparando, deteniendo y asesinando, no solo a ciudadanos, ahora también ordena entrar a sus casas,  matar a sus mascotas, dañar sus bienes, destrozar todo quieren someter con el terror.
 
 
Y me pregunto, no es acaso eso lo que hacen los terroristas; atacar a los desvalidos, atacar a hospitales, a escuelas, a ancianos que están en sus casas, donde hasta ahora se sentían bajo resguardo. Qué los diferencia de los terroristas, absolutamente nada. Ironías de la vida sin duda solo en nuestro país donde el espejismo del desierto sigue siendo la vida de los dirigentes oficialistas quienes ven en su propio reflejo lo que imputan a ciudadanos con virtud y honor que exigen el respeto a la ley.
 
 
Triste el saber que aunque el poder lo tiene el pueblo, sus estómagos están vacíos y duelen. Seguimos a pesar de ese terror que intentan sembrar, con nuestros deseos de libertad convencidos de las letra de nuestro himno nacional “Gloria al bravo pueblo que el yugo lanzó, la ley respetando, la virtud y honor…”
 
 
Honor que no es parte ya de la GNB, la mano de hierro de este régimen que se encarga de mostrar  que si no aceptamos su robolución ellos sembraran la destrucción a su paso. 
 
 
Triste papel para el que quedaron, vulgares ladrones con vestimenta verde incapaces de defender la Constitución y en su lugar, se transformaron en serviles a un minoritario grupo de personas que quebraron al país, robaron nuestras arcas de oro, comprometieron nuestras reservas petroleras  por tiempos que van más allá de sus propias vidas pero lo más cruel sembraron  el odio y la desolación a su paso.
 
 
Aunque el asombro nos toque el corazón  cada día, no desmayemos, vale la pena seguir apostando por la sensatez, por la justicia, por el rescate de nuestro país, por el futuro de nuestros hijos. Nuestra lucha es pacífica, legítima, necesaria, así que seguiremos en la calle, calle y más calle. El miedo a una dictadura no nos paralizará nos da fuerza para seguir en la calle.  Fuerza y fe.